La costumbre de intercambiar
en la ceremonia nupcial alianzas, que también se conocen como anillos de boda y
anillos de casados, se remonta, según cuentan los historiadores a culturas muy
antiguas, si bien se tiene noticia escrita sobre el particular de la egipcia y
de la romana. Se sabe que en la época romana los anillos nupciales eran de
hierro y fue bastante después cuando pasaron a ser de oro.
Desde esa antigüedad a la
que aludimos, el anillo era considerado símbolo de la vida y de la eternidad,
suponiendo que fue la Diosa Venus quien los diseñó y les otorgó los poderes que
simbolizan. "Unimos nuestras vidas hasta la Eternidad": Esta es la
promesa que los contrayentes se hacen cuando se colocan los anillos, aunque en
nuestros días se diga, "yo te entrego este Anillo en señal de
matrimonio".
Los anillos de boda, que los
cristianos adoptaron de los romanos y han mantenido hasta nuestros días,
simbolizan asimismo la forma de hacer pública la promesa de la unión
matrimonial de una pareja, que será respetada por la sociedad en donde
conviven. Y esto es así en la actualidad, ya que cuando nos sentimos atraídos
por alguien del sexo opuesto, solemos mirar su dedo anular izquierdo, intuyendo
que está libre, si comprobamos que no luce en dicho dedo anillo nupcial alguno.
Las alianzas o anillos de
Casado se colocan desde siempre en el dedo anular izquierdo porque, decían los
sabios en tiempos muy remotos, la vena de este dedo iba derecha al corazón y
esos mismos sabios manifestaban que era en este órgano vital, es decir en el
corazón, en donde nace, se cultiva y crece el amor.
